El Sevilla Fútbol Club fue feliz en el transcurso de un tiempo entero. Los blancos se adelantaron, jugaron con personalidad, le discutieron el centro del campo al todopoderoso Barcelona y lograron que el Ramón Sánchez-Pizjuán creyese en una victoria que, a lo largo de muchos minutos, no tuvo nada de fantasía. Después llegaron 2 pases de Lamine Yamal, dos remates de Raphinha y la sacudida definitiva. El 1-3 no cuenta lo bien que jugó el Sevilla antes de que lo zarandearan.
Hay derrotas que dejan una pista. La de esta noche todavía veraniega y calurosa apunta a Kochorashvili, Fofana y Agoumé. Luis García Plaza juntó a los tres en el medio y halló , por fin , un eje con la capacidad de sugerir al equipo equilibrio para proteger , piernas para presionar y fútbol para salir. Kochorashvili ordenaba y acudía donde el partido reclamaba una asistencia. Agoumé sostenía la composición. Fofana hacía de todo, desde discutir un balón en su campo hasta manifestarse en el primer palo del área contraria. Juntos obligaron al Barcelona a ganarse cada metro.

Asimismo los demás comprendieron el trabajo. Miguel Sierra cerró espacios desde la banda derecha. Félix Correia aceptó el sacrificio de vivir pendiente de Lamine Yamal, aunque esa dedicación le restara claridad en el momento en que tocaba atacar , si bien tampoco tiene en exceso , la verdad. Robbie Ure persiguió defensas, pidió la pelota y remató en relación ha podido. El Sevilla se recogía sin vergüenza cuando el rival mandaba, pero no renunciaba a jugar al recobrarla. Era un plan exigente , ejecutado bajo un calor agobiante y el público reconoció aquel pulso.
Un gol con la firma de Fofana
Había avisado Lamine con un disparo al poste en el minuto ocho. Vlachodimos lo rozó lo justo para eludir que la noche empezara cuesta arriba. El Barcelona volvió a acercarse poco después, como era ineludible con semejantes futbolistas, pero el Sevilla no se dejó encerrar en el susto. Robó un saque de banda, Félix Correia sirvió al primer palo y Fofana cabeceó el 1-0 en el minuto 19. El gol tenía la firma del jugador que mejor resumía la actuación de los blancos: despliegue, concentración y llegada. Era una recompensa merecida.
El Sevilla discutió al Barcelona el centro del campo hasta el momento en que Raphinha impuso su triplete definitivo
Lamentablemente para los sevillistas, duró muy poco la ventaja. Tres minutos después , Raphinha recibió en el área, dejó a Sangante en el suelo con un recorte y batió a Vlachodimos con la derecha. Pero el empate no borró al Sevilla ni dictó el resto del primer tiempo. Ure remató de forma fuerte , aunque fuera, poco después del 1-1. Félix Correia rozó el gol tras un centro de Juan Iglesias. Hubo incluso una contra en la que un enorme regate de Ure a Christensen prometió algo más. El Barcelona también tuvo la suya con Pedri. Era un partido bello para el aficionado neutral.
La ocasión de Félix Correia
La ocasión que mejor explica el desenlace llegó antes del reposo. Fofana condujo un contragolpe increíble y puso de tacón a Félix Correia en situación de hacer daño, pero Rodri salvó al Barcelona con una intervención formidable. Al Sevilla le faltó ese último gesto que transforma el buen trabajo en una ventaja real. Y contra un contrincante de esta calidad, omitir una ocasión no frecuenta conceder mucho tiempo para lamentarla. Lamine Yamal empezó a manifestarse mucho más cerca del área; primero tiró fuera por poco y después volvió a agitar a la defensa después de un hurto.
El 1-2 nació de un balón perdido por Félix Correia en una acción que parecía simple. Lamine recibió y puso un centro que Raphinha cabeceó a placer en el minuto 52. Dolió por lo poco que precisó el Barcelona para castigar la pérdida. Hasta el momento , el Sevilla había obligado al rival a trabajar. De repente , una imprecisión bastó para ponerlo por detrás. Ahí empezó a cambiar la naturaleza del acercamiento. A los blancos aún les quedaban ganas, pero cada carrera costaba más y cada espacio ofrecía al Barcelona una invitación.
Raphinha estuvo otra vez cerca de marcar incluso desde el córner, con un lanzamiento que golpeó el poste. Vlachodimos repelió después un remate de Cancelo. El Sevilla trató de seguir siendo intrépido , si bien su centro del campo por el momento no pudo sostener el partido con la autoridad de la primera mitad. García Plaza, encima, retiró a Kochorashvili para dar entrada a Isaac. Quizá el georgiano no tenía fuerzas para mucho más ; desde fuera, sin embargo , la resolución invitaba a preguntarse si Guridi habría permitido preservar la forma que tan bien había funcionado.
El tercero llegó en el minuto 69 y terminó con cualquier discusión sobre el resultado. Lamine Yamal vio la carrera de Raphinha y le envió un pase en hondura ; el brasileiro picó la pelota sobre Vlachodimos. El Barcelona imponía ahora el talento de 2 futbolistas capaces de dibujar una ocasión en un instante. Raphinha, además de esto , había trabajado en defensa como un delantero moderno que no se siente exento de ayudar. Su triplete fue mucho más que una colección de remates.
La pista que deja la derrota
El marcador ha podido crecer aun en el tramo final. Gordon tuvo una doble ocasión nacida, otra vez, de un pase de Lamine. Por el momento no quedaba aquel Sevilla que había corrido junto, reducido espacios y salido con intención. Quedaba un aparato fatigado , obligado a perseguir la pelota y a recordar lo cerca que había estado de llevar el partido a otro lote. La superioridad final del Barcelona fue clara. Asimismo lo fue, en el transcurso de un tiempo, la calidad de la resistencia sevillista.
Al Sevilla le corresponde aprender sin esconderse detrás del elogio. Debe proteger mejor el balón en zonas comprometidas y hallar mucho más precisión cuando sus recuperaciones le abren camino hacia el área. Pero sería injusto achicar la noche a eso. García Plaza enseñó un centro del campo que dio sentido al conjunto , y sus futbolistas se atrevieron a jugar contra uno de los oponentes más bien difíciles que tienen la posibilidad de conocer el Ramón Sánchez-Pizjuán. El sueño no alcanzó para puntuar, pero sí para ver que Fofana y Agoumé, con Kochorashvili, son una roca muy dura para cualquier contrincante.


