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El Celta no aprovecha la oportunidad y se conforma con un empate contra el Getafe (1-1) | RESUMEN y GOLES

No se dejó los dientes el Celta tratando de comerse el previsible bocadillo de cemento en el que el Getafe transformó este partido y todos y cada uno de los que juega. Pues tras otro primer tiempo sutil , tras volver a verse por detrás, tras progresar de nuevo tras el paso por los vestuarios y tras empatar. Tras todo eso, los célticos no fueron capaces de terminarse la comida ante una escuadra azulona que jugó con diez a lo largo de 24 minutos por la expulsión de Zaid Romero.

Si quizás algún intento, como ese niño al que la madre apremia para comérselo todo. Pero poco más. Solo unos cuantos mordiscos que le se usa para sumar un punto —el cuadro vigués lleva tres empates en otras tantas salidas— y unas sobras que llevarse a casa en un tupper. Quizás para devorarlas con apetito el domingo próximo frente al Málaga y agregar al fin el primer triunfo de la temporada.

Y sucede que no se había sentado a merendar aún y el aparato celeste ahora sabía que iba a necesitar un antiácido a mayores del omeoprazol que se tomó al llegar al Coliseum. No es ninguna sorpresa que el Getafe iba a ofrecer una comida pesada, de masticación paciente , deglución afanosa y digestión lenta. Pero había que roerlo. Jamás mejor dicho , con la equipación encarnada que volvieron a mostrar los de Claudio en el sur de Madrid.

Sucedió lo que cabía esperar. Pero no hay nada de malo en lo previsible, especialmente si al saber lo que va a suceder se le añaden resoluciones para contrarrestarlo. El técnico porriñés lo intentó , con Pablo Durán de picapedrero en la punta del ataque a fin de que Iago Aspas y Hugo González pudieran sacar el pincel. Y ni así surgieron finos trazos. Apenas , unos brochazos. Los mucho más coloridos, los del delantero valenciano, cómodo en la incomodidad del Getafe. El levantino halló zonas intermedias para recibir, aceleró el juego y procuró triangulaciones con sus compañeros. Pero la que se pega red de la araña azul todo lo cazaba. Salvo una espléndida maniobra en la que el máximo goleador del Fortuna el pasado curso se deshizo de Nemanja Gudelj con un fastuoso cambio de pierna que acabó con un remate abajo bien repelido a córner por David Soria. El propio Hugo sacó desde la esquina y Miguel Román probó una ineficaz volea contra el suelo.

Daba la sensación de que el Celta planteaba , que lo intentaba , que mandaba. Pero solo lo parecía. El Getafe se sentía como en una comida con amigos cuya sobremesa se extiende hasta la sobremesa de la cena. A gusto. Como quien paladea su digestivo favorito con la compañía ideal y a la temperatura perfecta. Sin prisa. Solo hacía falta ese girito de los acontecimientos que transforma lo bueno en lo mejor y lo mejor en superior. Tuvo sus escarceos anteriores para lograrlo. Como una cabalgada de Terrats favorecida por un resbalón de Marcos Alonso e incomodada por la rauda reacción de Starfelt, que minutos antes había deshecho el entuerto que estuvo a punto de enredar Aspas con un mal pase atrás.

El caso es que la previsibilidad siguió su cauce. Y aunque el Celta hilvanó una buena acción entre Hugo González y El Abdellaoui que fue anulada por fuera de juego, no hubo forma de escapar al funesto destino que tejen las moiras azulonas. Un córner al corazón del área, un ramalazo de mala suerte sobre el atacante valenciano, al que le rebotó el balón en la espinilla, y la aparición de la pierna derecha de Satriano en boca de gol. Un desenlace mucho más previsible que el de un culebrón de después de comer.

Desde ahí, la letanía. El aparato de Bordalás por el momento no precisaba presionar prominente. Podía meterse atrás, cerrar corredores interiores y aguardar a que el Celta se estrellase en su propia espesura con la pelota. Porque el balón no corría. Todo era plano e inofensivo. Sin agresividad. Si acaso algunos intentos de combinar en la de adelante con un Miguel Román bastante alejado de la base del juego, que aceptó Ilaix Moriba sin finura.

De este modo murió un primer tiempo tantas veces repetido estos años y de un nivel afín a los de este principio de curso. Discreto. La buena noticia es que el Celta solo podía prosperar. Y lo hizo. Las matizaciones de Claudio en la caseta favorecieron un aparato considerablemente más agresivo con la pelota. Se vio entonces la mejor versión de los de celeste —de colorado este lunes— con una insistencia que terminó trayendo el gol. De la manera menos frecuente. Pero gol, al final de cuenta. Hugo González sacó su guante a pasear desde la esquina y Starfelt, que había ganado el primer palo, cabeceó con poderío a la red.

El conjunto visitante no se conformó. Como ese primer bocado , que da aún más hambre , el Celta prosiguió mordiendo. Tiros algo lejanos de Ilaix y Román antecedieron a los cambios —Carreira, Rueda y Driouech— y a la expulsión de Zaid Romero, que vio la segunda amarilla por una patada a Hugo.

Al Celta se le cerró el estómago

El bocadillo de cemento parecía convertirse en un emparedado de pan de viena. Mucho más aún con un enorme centro de Rueda, que Hugo González —siempre él— cabeceó a las manos de Soria en el área pequeña. Asimismo varias intervenciones de Driouech, que tal como hizo en Donostia, probó que él sí está hambriento. Aun sin lucir al 100 % de forma , tiene personalidad, desborde y verticalidad. De su banda izquierda nacieron varias aproximaciones atrayentes y esperanzadoras. Sin embargo , de pronto , al Celta se le cerró el estómago.

Quedaban 20 minutos para llevar a cabo un gol contra diez hombres. Era el instante de enfocar toda la tranquilidad mal entendida del primer tiempo hacia el vestirse despacio por el hecho de que había prisa. No sucedió. A los celestes no solo les faltó pausa, les sobró aceleración, apremio y precipitación. Las superioridades que estaban generando contra once, desaparecieron contra diez. Y el Getafe lo aprovechó. Llevó el partido a su lote y los célticos picaron. El juego se volvió atropellado. El bocadillo de cemento volvía a estar relleno de hormigón. Y de beber , batido de grano.

Ni con el estreno de Borja Iglesias este curso cambió el adornado. La cena se terminó con un Celta empachado sin haber comido demasiado y con un Getafe satisfecho por haberse salido con la suya en la elección del menú. Otro punto fuera de casa para el Celta, que sigue sin ganar en la temporada, pero también sin perder a residencia. A ver si en el hogar , que es donde mejor se come, llega de una vez el atracón.

TiroAlPalo